¿Albóndigas para todos?

Cuando pienso en los diferentes mensajes publicitarios y reclamos que veo a mi alrededor, casi siempre encuentro la explicación y en la mayoría, la audacia y el ingenio de los buenísimos publicistas que invaden nuestros sentidos con sus creaciones.

Lo de basar una campaña de un comercio en invitar a comer a la gente, haciendo hincapié precisamente en que hay que comer unas albóndigas de bote me ha llamado la atención especialmente. Que conste que parto de la premisa de que los responsables de esto estarán muy por encima de mis conocimientos sobre publicidad. (En este post me refiero exclusivamente a una campaña y no a un comercio, su modelo de negocio ni su producto.)

He pasado cerca del establecimiento en cuestión y he podido ver que además de anuncios en radio, la campaña de “comedor social” se refuerza con grandes vallas fotográficas, incluso se complementa con otro mensaje anunciando Hot Dog a 0,5 céntimos. Entiendo por tanto que la campaña ha sido sesudamente estudiada y trata como fundamental la cuestión de alimentar a su público objetivo de forma gratuita o muy económica, aunque sea con una fórmula de racionamiento radical basado en dos productos básicos por llamarlos de alguna manera.

¿Cuál es el mensaje?
–    ¿Si tienes hambre ven?
–    ¿Si eres de los que comen albóndigas de bote eres nuestro público?
–    ¿Cómo somos la leche, podemos conseguir que todos comáis esta birria?
–    ¿Si te seduce conseguir un hot dog más barato no puedes dejar de pasarte por aquí?

La intención sí parece clara, al margen de dar de comer algo a la gente, se trata de hacer agradable la visita induciendo a tomársela con calma, programarla como algo lúdico que puede incluir la comida, etc. Lo más asombroso es la calidad o categoría del reclamo.  Asombroso porque se supone que el reclamo tiene que ser atractivo para el público objetivo, a juicio de su ideólogo se supone.

Supongo que si yo hubiera conseguido que la gente de todo el mundo acepte que todos tengan las mismas cosas con una mínima variedad, si hubiera además conseguido que muchísima gente me siga, y decida darse servicio a sí mismo por más que otros le ofrezcan servicios, y si hubiera conseguido que mucha gente y muy diferente bajara sus exigencias de calidad en virtud de un uso más frívolo, más efímero, pero sobre todo de una supuesta diferencia enorme en el precio, supongo que si yo hubiera conseguido todo eso, llegaría a entender esta campaña, puede que hasta compartiera la sensación de que toco la flauta mejor que el flautista de Hamelín.Si yo llegara a todo eso, puede, sólo puede, que me llegara a extralimitar en un exceso de confianza.

No quiero ahondar en el conceptos psico sociales, ni en la tristeza que me produce que expertos en marketing tengan datos como para considerar que un plato de comida  de racionamiento puede ser en sí misma un reclamo comercial. Doy por hecho que saben lo que hacen, lo han demostrado muchas veces y eso me produce aún más pena.

No obstante me declaro un admirador de las campañas de este comercio, hasta que ha llegado esta  con la que, como miembro de esta clase media a la que se dirige, me he sentido un poco ofendido. Si me quieres invitar, no me trates como a un preso, no ignores lo que comemos en mi tierra, y no presumas que 2,5€ gratis me hacen sentir listo, afortunado y agradecido, en lugar de cutre, necesitado, y castigado. ¿Por quién me tomas? A  mí lo que me gusta es sentir que me van las cosas bien, que puedo comer lo que me apetezca, y que por eso puedo ir de compras. De hecho el día que me seduzca la idea de que me abonen unas albóndigas de bote en la factura de compra de artículos de decoración, menaje o mobiliario, ese día sólo pueden pasar dos cosas, que yo no soy yo y se me ha nublado el cerebro, o que me valla sin comprar nada al darme cuenta que en esa situación lo que tengo que hacer es irme a casa y guardar para comer.

Lo único que me queda es lanzar una proclama necesaria:

Porque no todos queremos  albóndigas de bote,  comercio tradicional  especializado.

Domingo Quintero

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Comentarios
  1. Juan carrion longas

    Me seduce el planteamiento que haces Domingo, y veo como la gente a veces se deja llevar por algo tan primitivo. Es triste pensar, q si, la más media de nuestro país es tan sencilla de manipular con esta clase de mensajes. Cuánto trabajo falta por hacer para “ELEVAR EL NIVEL DE CONCIENCIA” y saber distinguir los productos y servicios de calidad a precios asequibles, con responsabilidad. ………Hay personas muy SEDUCIBLES, CON COSITAS de PIM,PAM, PUM. Saludos. Juan

  2. Myriam Carrasco

    Mi madre, la persona más lista que he conocido, y la que te vendía todo, todo, todo, quisieras ó no (ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, qué tiempos aquellos), cuando ya llevaba el cliente mucho tiempo en la tienda, y se acercaba la hora de comer, le sacaba una cerveza fría, y unos pinchos de morcilla de Burgos,mientras te seguía vendiendo, vendiendo, vendiendo ….¿ALBONDIGAS?, never.

  3. Juan Jose Franco

    Últimamente estoy muy crítico con todo lo que a publicidad se refiere, no le encuentro sentido a casi ninguna campaña pero ésta se lleva la Palma. Particularmente soy una persona que cuido mucho la alimentación, me consta que hoy día es una tendencia en alza y creo que bajo ningún concepto comería estas albóndigas o este hot dogs por muy IKEA que sean……no tengo ni idea que conexión le habrán visto a esto con vender muebles….¿¿??

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