¿PORQUÉ CONCURSO DE ACREEDORES? RESPONSABILIDADES DE LOS ADMINISTRADORES DE EMPRESAS.

Intentaré aclarar un poco el porqué de los concursos de acreedores, y llamar la atención de los que estamos al frecte de empresas sobre las responsabilidades que hoy en día se afrontan. Espero conseguirlo, aunque todas estas cosas requieren matizaciones y no me gusta ser demasiado alarmista, ya es bastante difícil en España animarse a emprender, o a seguir moviendo la economía. Así que me limito a decir, como en los anuncios de medicinas, “Consulte con su médico/abogado especialista.”

La normativa mercantil ofrece diferentes alternativas para conseguir la continuidad de las empresas en crisis gracias a un acuerdo entre los acreedores, pretende con una fórmula totalmente transparente la reestructuración y reflotamiento de empresas y, en último extremo, su liquidación. Las empresas en falta de liquidez deben presentar voluntariamente un concurso antes de que se agoten todos sus activos y dentro de los dos meses siguientes a la fecha en que hubiera conocido o debido conocer su estado de insolvencia. (Por ejemplo, si no puedo atender a la Seguridad Social, antes de dos meses debo comunicar mi insolvencia acompañada de un plan de viabilidad al juzgado, si no lo hago, me pueden declarar culpable el Concurso, y las responsabilidades son de los administradores.)

Ya no es posible que los empresarios cierren sus negocios dejando sin pagar a acreedores y trabajadores. En tal caso la responsabilidad de los administradores es total. Hay que tener muy claro que hoy, existen un montón de causas por las que el Juez puede declarar Concurso Culpable y declarar responsabilidades de los administradores, e incluso por muchos motivos se pueden declarar responsabilidades penales. La insolvencia provocada antes era difícil de probar, ahora es muy fácil, puesto que se admiten muchísimos supuestos que antes podían imputarse simplemente a la mala gestión inocentemente.

Los administradores (ver Altos Cargos, según las circunstancias) responden de los perjuicios que ocasionen en el desempeño de sus funciones gestoras por actos realizados sin la debida diligencia, incluso en supuestos de culpa leve. Responden con su propio patrimonio personal presente y futuro de las consecuencias lesivas que se deriven de su actividad gestora.

Estableciéndose además, el principio de solidaridad de todos los miembros del órgano de administración, lo cual implica que cada uno de ellos responde de la integridad del perjuicio económico causado a terceros.

La casuística de circunstancias que pueden dar lugar a una reclamación es tan amplia que es imposible establecer una lista cerrada, a modo enunciativo podemos indicar:

 • Mala administración del capital social.

 • Incumplimiento de los Estatutos Sociales.

 • Realización de inversiones inadecuadas.

 • Falta de verificación y firma de documentos.

 • Distribución improcedente o abusiva de dividendos.

 • Facilitar información incorrecta.

 • Decisiones erróneas en supuesto de fusiones y adquisiciones.

 • Asunción de obligaciones que la sociedad no puede afrontar.

Para complicar más las cosas la jurisprudencia, establece que este tipo de responsabilidad es de las denominadas, cuasi objetivas. Es decir, que contrariamente a lo habitual en materia de responsabilidad civil, en donde se exige que el demandante demuestre que ha habido un daño, un hecho que lo ha provocado y un nexo causal, en estos casos casi bastará con que haya habido un daño, para que sea el demandado el que tenga que demostrar que él actuó lo mejor que pudo, a pesar de lo cual, se produjo el daño.

El ejemplo típico es el concurso de acreedores o la quiebra. Cuando se declara, es evidente que se produce un daño a los acreedores que en principio ven perjudicados sus créditos, y será el administrador el que deberá demostrar que la situación se ha dado a pesar de haber actuado diligentemente.

A nadie se le escapa que a toro pasado y una vez dictaminada la situación concursal, demostrar que se hizo todo perfecto conlleva sus ciertas dificultades.

Especialmente porque es muy fácil imputar la responsabilidad de los administradores en base al art. 260.4 LSA (Ley de Sociedades Anónimas)que establece que una de las causas de disolución de una empresa es:

“Por consecuencia de pérdidas que dejen reducido el patrimonio neto a una cantidad inferior a la mitad del capital social, a no ser que éste se aumente o se reduzca en la medida suficiente, y siempre que no sea procedente solicitar la declaración de concurso conforme a lo dispuesto en la Ley 22/2003, de 9 de julio, Concursal.”. Se da muy a menudo la firma de compromisos como pagarés, reconocimientos de deudas, etc… que si a la empresa le va bien, no plantea ningún problema, pero si luego se da la situación concursal, será relativamente fácil presumir / demostrar este incumplimiento.

La actual Ley supone grandes responsabilidades para directivos y empresarios. Se endurece la obligación de ir a concurso cuando su empresa se encuentre en situación de insolvencia o ésta sea inminente. Muchos de los administradores no son conscientes de las gravísimas responsabilidades a las que habrá de hacer frente y que la inadecuada gestión empresarial pueda repercutir, incluso en su propio patrimonio personal.

Otro factor importante que el empresario debe tomar en cuenta es si el concurso está solicitado por la propia compañía – concurso voluntario – donde los administradores mantienen sus facultades aunque quedan sometidos a la intervención de la administración concursal, o si el concurso está instado por los acreedores – concurso necesario – donde los gerentes pierden todas sus facultades que pasan en exclusiva a la administración concursal.

Hoy en día existen seguros para directivos que cubren estas responsabilidades económicas, nunca podrán cubrir posibles responsabilidades penales evidentemente, pero al menos ponen a salvo de la ruina personal a los responsables de empresas. Jacobo Peña, corredor de seguros para grandes cuentas, me ha hecho llegar un escrito en el que se explican bastante bien, y del que de hecho he extraído algún párrafo para este Post. Os lo voy a dejar aquí por si a alguien le interesa, tenéis sus datos en este escrito. EL ESCRITO

Pregunta curiosa, muy curiosa: ¿Porqué la Ley ha impuesto este seguro para los Administradores concursales de forma obligatoria? ¿De qué tienen miedo? El clásico, “por si acaso”.

Domingo Quintero.

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